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Consecuencias de chuparse el dedo

Consecuencias de chuparse el dedo

Es común que al someter a ultrasonido a una mujer embarazada se vea al feto succionado su dedo pulgar, acción que puede repetirse aproximadamente hasta los cuatro años de edad. De prolongarse por más tiempo pueden presentarse problemas de consideración que afecten al chico. ¿Cómo ayudarle?

Aunque para muchos puede parecer una trivialidad a la que no hay que prestar cuidado, el hecho de que bebés y niños se chupen el dedo pulgar es motivo de atención por parte de los padres y, actualmente, también de estudio por parte de especialistas en la salud de los pequeños (pediatras).
El interés de la ciencia por indagar las causas que llevan a los chicos a desarrollar esta obsesión nos permite saber que la succión del pulgar empieza antes del nacimiento o en los primeros tres meses de vida. El dedo preferido es el mencionado pulgar, aunque se sabe de casos en que el niño chupa varios más o el puño entero, el cual puede ser sustituido por otro objeto que brinde seguridad, como una manta.
Un estudio realizado por el pediatra estadounidense Berry Brazelton indica que la necesidad de succionar es más fuerte durante los primeros seis meses de la vida, y que después de este tiempo sólo 6% de los bebés siguen teniendo el hábito después de cumplir un año de edad y sólo 3% continúan después de los dos años.
Si bien después del alumbramiento el deseo del lactante de succionar el pecho de la madre o el biberón responde a un impulso de supervivencia, la acción puede llevarse a cabo aun cuando no sienta hambre, lo que ocurre en más de 80% de los bebés, y lo cual es identificado como “succión no nutritiva”.
La explicación que da el Dr. Brazelton al respecto es que mamar el pulgar parece ayudar al niño a consolarse a sí mismo, siendo más notorio cuando disminuyen las tomas de leche del pecho materno o el biberón.
Pese a que lo anterior se presenta en más del 30% de los niños de dos años de edad, no quiere decir que se sienta inseguro o haya problemas emocionales, sino que se chupa el pulgar cuando está cansado, aburrido, enfermo, molesto o cuando no está utilizando las manos para jugar.
¿Qué deben hacer los padres?
Otro estudio encontró que 15% de los niños de cuatro años se chupaban el pulgar, quienes al mismo tiempo vivieron conflictos con uno de los padres que trató de hacer que el niño dejara el mal hábito. Afortunadamente, la costumbre resulta inofensiva a esa edad, pero se tornará en problema cuando empiecen a brotar los dientes permanentes, aproximadamente a los seis años.
Lo que indican los pediatras a los padres es no buscar el conflicto (aunque sea casi imposible no manifestar enojo), y emprender medidas que compensen la acción, por ejemplo, cuando el niño esté cansado o aburrido hay que intentar distraerlo con algo que pueda sostener entre sus manos.
La Asociación Dental Americana (estadounidense) aconseja que la succión del pulgar debe ser interrumpida entre los 4 y 5 años de edad, porque si continúa los dientes tenderán a “salirse”, lo que afectará cuando tenga que morder (oclusión).
Lo anterior se explica porque la mandíbula se irá hacia atrás por la presión que ejercen mano y brazo. Asimismo, los dientes se inclinan y el paladar se profundiza. Lo que sigue es que el niño no va a poder cerrar normalmente sus labios por el desplazamiento óseo y dental, aumentando la distancia entre los labios.
Estéticamente lo anterior dará la impresión de que el niño no tiene mentón y ello puede llegar a crear en él ciertos conflictos emocionales, debido a la burla de sus compañeros, disminuyendo con ello su autoestima.
Actualmente los odontopediatras recomiendan aparatos fijos que no sean fáciles de quitar, como una rejilla con bandas que impide el contacto del dedo con el paladar, además de que le va a servir al niño como recordatorio cada vez que intente llevarse el dedo a la boca.
Recuerde, no conflicto
Si tu bebé tiene gran necesidad de succionar trata de interesarlo en un chupete en vez del pulgar, lo cual tiene ciertas ventajas, pues el artefacto puede ser controlado cuando el niño crezca porque podrás quitárselo entre los 4 o 5 años de edad. Por otra parte, no hay reportes de que los pequeños que dejan el chupete se chupen posteriormente el dedo.
Procura no comentar en público, y en presencia del chico, el disgusto que tal costumbre te provoca, pues lo harás sentirse avergonzado y no es la mejor estrategia; recuerda que regaños y otros castigos sólo harán que tu hijo se empeñe en chuparse el dedo. Si el niño es más grande, explícale lo que el hábito le produce, muéstrale en un espejo la separación de sus dientes y dile lo mal que se ve, de esta manera afectarás su sentido de orgullo y seguramente pondrá de su parte para mejorar.
Sugiérele que dibuje una estrellita o se coloque cinta adhesiva en el dedo que le recuerde no chupárselo. No obstante, el niño, por lo general, deja de chuparse el dedo en forma natural.
De noche chuparse el dedo tiende a ser un proceso involuntario, pero hay que intentar detenerlo; para ello, puedes colocar algo en el dedo, como un guante que abarque toda la mano o un calcetín, pero deja que él escoja el método y felicítalo por la idea. Aunque no es lo más recomendable, hay quien unta en el dedo sustancias amargas -nunca deberán ser picantes o irritantes-, lo cual es aceptable siempre y cuando el chico esté de acuerdo y dejando que sea él mismo quien se lo aplique; no lo uses como castigo.
Recuerda que el odontopediatra deberá estar al tanto de este hábito en el niño, pues además de que conoce otros métodos para disuadirlo de su costumbre sabrá en qué momento los problemas dentales han empezado.
Finalmente, cabe mencionar que si el hábito de chuparse el dedo se presenta, o regresa, después de los cinco años de edad, o incluso en la adolescencia, la causa generalmente es que el chico tiene algún conflicto emocional, como la separación o constantes peleas de los padres o la llegada de un nuevo hermano. Lo indicado en estos casos es recurrir a ayuda al psicólogo o psiquiatra, a fin de recuperar la estabilidad del afectado.

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